Segundo Domingo de Mayo
- JAIRO ISRAEL AROTUMA SALAZAR
- 7 may 2023
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 9 may 2023
Por: Dixon Isac Anticona Meléndez
Habíamos cumplido diecinueve días en altamar, y, por supuesto, ya era tiempo de regresar a puerto. Las bodegas del barco no estaban llenas como la primera vez, pero tampoco fue una mala pesca.
Que el pescado pique, pero que pique bien, es una bendición de Dios, así, si se llena el barco, y con el precio del perico a catorce nuevos soles, es posible que en doce o en quince días lo que se gane ascienda a los cuatro o cinco mil soles.
Voy a llegar a puerto y voy a llevar a toda mi familia a comer - me dije. De regreso a la costa, leía un libro que me había obsequiado el escritor Marlon Vega, aquel libro de cuentos llamado “El Fracaso de Luz”. Tenía conmigo aquel libro de cuentos breves, pero también me acompañaba La Biblia.
Os haré una confesión: en las noches, cuando el sueño y el cansancio se apoderaban de mí, dejaba la cubierta para irme al dormitorio; entonces prendía la luz y sacaba de mi maletín La Biblia. Acto seguido, abría La Biblia y buscaba en el libro de Salmos un versículo para darme fortaleza y vigor; para que mi espíritu no decaiga y me mantenga fuerte a pesar del dolor y el sufrimiento. Cuando terminaba de leer el versículo, cerraba La Biblia y nuevamente la guardaba; apagaba la luz y otra vez regresaba a la cubierta.
Recuerdo que una noche estuvimos pescando en medio de la tempestad. O sea, entre tempestad, viento y marea. La lancha parecía hundirse. Tuve miedo. El movimiento casi hizo que salga volando por la borda. Y ahí estaba Miguel, un gran amigo, que siempre me cuidaba y me decía: trata de cuidarte batería, no te confíes. En La Biblia se habla de un ángel de nombre Miguel, ciertamente es increíble que un hombre con nombre de ángel, me cuidara y me tuviera paciencia para, inclusive, enseñarme las cosas que no sabía. No creo que Miguel haya sido nada más un compañero de trabajo, sino una señal divina que a donde vaya Dios siempre estará de mi lado.
Cuando regresamos mi madre tuvo ese presentimiento de que ya estaba de regreso. Primero no pude comunicarme, pero después, al cargar mi teléfono, ya con vista a tierra, la escribí y le dije que todo estaba bien y que me esperara en el muelle de Chimbote.
Mi madre me espero ahí mucho tiempo junto a mis hermanos. Me recordaba a la canción del “Muelle de San Blas” de Maná, la única diferencia es que yo regresé, pero el personaje de la obra musical jamás regresó. Es una de las pocas canciones que me ha conmovido. Por eso, siempre le pedía fuerzas a Dios para que me regresara con bien a puerto para que mi madre no se muriera de pena.

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